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Hola amigos soy Jorge y os voy a contar una aventura de caza cada mes. Hoy voy a empezar explicando lo que siento al ser un apasionado de la caza.
Yo empecé a cazar en Agosto de 1991 cuando tenía 4 años. Lo primero que cacé fue una Paloma Zurita, con una escopeta del 410mm. Me acuerdo de ese día perfectamente, íbamos cazando en mano mi padre y yo, cuando de repente empezó a volar aquella paloma. No sé lo que me pasaba, tenía una rara sensación: mis piernas se echaron a temblar y no sabia por qué, ya que no tenía frío ni miedo. De repente un grito que decía: "TIRA" me despertó de estos pensamientos, así que quité el seguro y ¡BOOOM! La paloma cayó al momento, entonces mis piernas dejaron de temblar. Creo que hoy ya entiendo lo que me sucedió y lo que me sigue sucediendo: Nervios debidos a la pasión que tengo por este deporte.

Hoy en día, he matado bastantes animales. Ya he ido a África y también he cazado por casi toda España, y aún me siguen traicionando esos nervios cuando oigo al jabalí que se acerca con trote cochinero o cuando oigo al fondo los perros ladrar o al perrero decir "ahí va el guarro, ahí va". Entonces no es que me tiemblen las piernas, me tiembla todo el cuerpo, de arriba abajo. Le apunto con todo el cuidado posible, le sigo con la lente y... disparo. Si la pieza cae, es que he conseguido controlar el tembleque, y si la fallo tengo aún otra oportunidad en la recamara. Así que he llegado a la conclusión de que para mí los nervios son el Ángel de la Guarda de los animales, porque gracias a ellos hay muchos que se salvan. Pero esas veces en las que logro dominarlos y consigo sacar la bala y dar al animal son las que me llenan de satisfacción, entonces se refleja la felicidad en mi cara.
Este es el mejor momento, porque sabes que aún te apasiona la caza.
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